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jueves, 4 de agosto de 2022

Matutina para Adultos

Nuestro maravilloso Dios 
 jueves, 04 ago. 2022 
 La verdadera grandeza 

 «La sabiduría comienza por honrar al Señor; conocer al Santísimo es tener inteligencia». Proverbios 9; 10, DHH 

  SI SE TE PIDIERA QUE ELABORARAS UNA LISTA con los nombres de personajes a quienes el mundo llama «grandes», ¿quiénes estarían en tu lista?

Mi «lista» sufrió un duro golpe cuando leí la siguiente cita de Elena G. White: «Al pensar en cómo Cristo vino a nuestro mundo para morir por la humanidad caída, entendemos algo del precio que se pagó por nuestra redención, y comprendemos que no existe verdadera bondad o grandeza sin Dios» (En los lugares celestiales, ed. 2013, p. 369; énfasis añadido).

¿Cómo hemos de determinar, entonces, la bondad o la grandeza de una persona? No es por su cociente intelectual, o por sus logros; tampoco por su posición en la escala social; sino por la medida en que esa persona conoce a Dios y refleja los atributos de su carácter.

Esta verdad la ilustra bien un relato publicado en la revista Signs of the Times. Es la historia de un evangelista que, al cierre de su sermón, hizo un llamado público para entregarse a Jesús. Entre los que se adelantaron, se encontraba una adinerada mujer que, para sorpresa de muchos, le pidió al predicador que le permitiera hablar.

-He pasado al frente —dijo la dama—, no por el excelente sermón del pastor, sino por el sermón que he visto cada día en la vida de la mujer que estaba sentada a mi lado. Ella es una humilde lavandera, pero durante los años que nos ha servido su vida ha sido intachable. Nunca ha salido de sus labios una palabra dura, ni su rostro ha mostrado una expresión de desagrado, aunque ha tenido razones para molestarse. [...]. Me apena decir que en muchas ocasiones me burlé de su fe «infantil», pero fue ella la que trajo un rayo de esperanza a mi afligido corazón cuando mi hija falleció.

Sentadita en su asiento, la lavandera escuchaba con asombro.

—Hay en la vida de esta mujer —continuó la dama, un agradable magnetismo que me ha atraído al Salvador, y que ha creado en mi corazón el deseo de amarlo y seguirlo.

Cuando la dama terminó de hablar, el evangelista pidió a la lavandera que pasara al frente. «Tengo el gusto de presentarles —dijo“ a la verdadera predicadora de este día». * Sin darse cuenta, la lavandera había estado predicando, con su ejemplo, el sermón más poderoso: el de un carácter semejante al del Señor Jesús. Sin duda, su vida era «una carta de Cristo [...], escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente» (2 Cor. 3:3).

¿Has soñado con ser grande algún día? No sueñes más. Solo permite que el amor de Dios se apodere de tu corazón.

Padre celestial, que mi mayor riqueza sea hoy y siempre un carácter como el de tu amado Hijo.

* Charles L. Paddock, «Lessons from the Laundry Lady», en Signs of the Times, febrero de 2001, p. 15.

miércoles, 3 de agosto de 2022

Matutina para Adultos

Nuestro maravilloso Dios 
 miércoles, 03 ago. 2022 
 Tú decides 

 «Escoge [...] la vida, para que vivas tú y tu descendencia». Deuteronomio 30: 19 

  EL NOMBRE DE EDWIN BOOTH no resulta familiar hoy para muchos, pero durante una buena parte del siglo XIX este actor estadounidense conoció la fama, no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, especialmente por la manera magistral de representar al príncipe Hamlet, la conocida obra de William Shakespeare. Según los críticos de la época, nadie superaba a Edwin Booth a la hora de representar la tragedia teatral. De hecho, una estatua suya representando a Hamlet está ubicada en Gramercy Park, en Manhattan, Nueva York.

Lo que Edwin Booth nunca imaginó es que la tragedia, que tan magistralmente representó en las tablas, también lo acompañaría en la vida real, pues fue su hermano, John Booth, también actor, quien asesinó al presidente Abraham Lincoln. El impacto de ese suceso fue tan duro para Edwin que, según comenta Paul Aurandt, esa fatídica noche de abril de 1865 en realidad hubo dos asesinatos, el de Lincoln y el de la carrera artística de Edwin.*

¿Por qué recordamos el nombre de Edwin Booth? Por otro hecho singular que también marcó la vida de este actor, pero en un sentido muy diferente. Antes del trágico suceso del Teatro Ford, en el que su hermano asesinó al presidente Lincoln, Edwin se encontraba en la estación del tren en New Jersey, cuando un joven perdió el equilibrio y cayó sobre los rieles mientras el tren se acercaba. Con un rápido movimiento, Edwin agarró al muchacho por el traje y lo salvo de una muerte segura. Aunque Edwin no reconoció al joven, este sí lo reconoció a él. Semanas más tarde, el famoso actor recibió una carta de la oficina del presidente, dándole las gracias por haber salvado la vida del joven. ¿El nombre del muchacho a quien Edwin salvó? Robert Todd Lincoln, hijo del presidente Abraham Lincoln. **

¡Qué circunstancia tan curiosa! John Booth le quita la vida al presidente, Edwin Booth salva al hijo del presidente. Uno escoge la muerte; el otro, la vida. Extraño, ¿verdad? Pero no es un caso único: ¿Recuerdas a Caín y Abel? ¿Saúl y David? ¿Judas y Juan?

¿Cómo puede ser que dos personas, con las mismas oportunidades en la vida, tomen caminos tan diferentes? Nuestro texto para hoy responde: Dios ha puesto delante de ti y de mí la vida y la muerte, pero nos toca a nosotros escoger. El anhelo de nuestro buen Padre celestial es que escojas hoy la vida, «para que vivas tú y tu descendencia».

Gracias, Padre celestial, por darme la facultad de elección. Hoy quiero escoger a Jesucristo como mi Salvador, pues él es el camino, la verdad y la vida.

*Paul Aurandt, Paul Harvey's The Rest of the Story, Doubleday & Company, 1977, p. 72. ** Jacopo Della Quercia, «What Are the Odds? », en Reader's Digest, mayo de 2011, p. 182.

Miércoles 3 de agosto COMPROMISO RADICAL

Miércoles 3 de agosto COMPROMISO RADICAL “Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mat. 5:29). Medita sobre las palabras de Jesús en el versículo anterior. ¿Dirías que sus palabras son radicales? Si es así, ¿por qué? Es necesario actuar en forma radical, no porque Dios haya hecho que la vida cristiana sea difícil, sino porque nosotros y nuestra cultura nos hemos alejado mucho de los planes de Dios. La gente a menudo despierta y se pregunta: “¿Cómo pude haberme alejado tanto de Dios?” La respuesta es siempre la misma: de a un paso a la vez. Lee Mateo 5:29 y 30. Jesús está hablando en el contexto del pecado sexual; sin embargo, los principios subyacentes también se aplican a otros pecados. Por cierto, los principios pueden aplicarse a nuestro crecimiento en Cristo en general. ¿A qué cuestión fundamental aluden las palabras de Jesús en Mateo 5:29 y 30? ¿Realmente se nos insta a mutilarnos en forma literal? Jesús no nos está llamando a causarnos daños físicos, ¡de ninguna manera! Más bien, nos está llamando a controlar la mente y, por lo tanto, el cuerpo, sin importar el costo. Fíjate que el pasaje no menciona que debemos orar y que Dios eliminará instantáneamente las tendencias pecaminosas de nuestra vida. A veces Dios, en su misericordia, hace esto por nosotros, pero a menudo nos llama a asumir un compromiso radical de renunciar a algo, o de comenzar a hacer algo que quizá no tengamos ganas de realizar. ¡Vaya crisol! Cuanto más seguido tomemos las decisiones correctas, más fuertes seremos y más débil será el poder de la tentación en nuestra vida. A veces Dios utiliza crisoles para llamar nuestra atención cuando hay muchas distracciones ruidosas a nuestro alrededor. Es en el crisol donde nos damos cuenta de cuánto nos hemos alejado de Dios. El crisol puede ser el llamado de Dios para que tomemos la decisión radical de regresar al plan que nuestro Padre tiene para nosotros.

martes, 2 de agosto de 2022

Lección 6 | Martes 2 de agosto LA VOLUNTAD DISCIPLINADA

Lección 6  | Martes 2 de agosto LA VOLUNTAD DISCIPLINADA Uno de los mayores enemigos de nuestra voluntad son nuestros propios sentimientos. Vivimos en una cultura cada vez más bombardeada con imágenes y música que pueden apelar directamente a nuestros sentidos y desencadenar nuestras emociones (enojo, miedo o lujuria), sin que nos demos cuenta. ¿Con cuánta frecuencia pensamos en cosas como “¿Qué tengo ganas de comer para la cena?” “¿Qué tengo ganas de hacer hoy?” “¿Me siento bien comprando esto?” De esta manera, los sentimientos han llegado a estar íntimamente relacionados con nuestra toma de decisiones. Los sentimientos no son necesariamente malos, pero lo que siento con respecto a algo puede tener poco que ver con lo que es correcto o con lo que es mejor. Por cierto, los sentimientos pueden mentirnos (“Engañoso es el corazón más que todas las cosas” [Jer. 17:9]) y pueden crear una imagen falsa de la realidad, lo que nos hace tomar malas decisiones y nos coloca en un crisol de fabricación propia. ¿Qué ejemplos puedes encontrar en la Biblia en los que las personas tomaron decisiones basadas en sentimientos, y no en la Palabra de Dios? ¿Cuáles fueron las consecuencias? Ver, por ejemplo, Génesis 3:6; 2 Samuel 11:2 al 4; Gálatas 2:11 y 12. Lee 1 Pedro 1:13. ¿Qué le preocupa a Pedro y qué quiere que hagan realmente sus lectores? Pedro comprendió que la mente es el timón del cuerpo que controlamos. Si quitamos el control de la mente, seremos controlados por cualquier sentimiento que se nos presente. Imagínate caminando por un sendero estrecho hasta la casa del Pastor. A lo largo del camino hay muchos senderos que conducen a diferentes direcciones. Algunas de estas sendas dirigen a lugares que no querríamos visitar. Otros senderos parecen tentadores; apelan a nuestros sentimientos, emociones y deseos. Sin embargo, si tomáramos alguno de ellos, nos saldríamos del camino correcto e iríamos por un camino del que podría ser extremadamente difícil salir. ¿Qué decisiones importantes enfrentas? Pregúntate honestamente: “¿Cómo puedo saber si baso mis decisiones en sentimientos, emociones o deseos y no en la Palabra de Dios?”

Matutina para Adultos

Nuestro maravilloso Dios 
 martes, 02 ago. 2022 
 El legado 

 «Ustedes conocen este mensaje que se difundió por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él». Hechos 10: 37-38, NVI 

  SI TUVIERAS QUE RESUMIR EN UNAS TREINTA PALABRAS la obra que Jesús realizó entre nosotros, mientras caminó por las polvorientas calles de Palestina, ¿qué dirías?

Las palabras del apóstol Pedro, en nuestro texto de hoy, nos proporcionan ese resumen. ¿Qué dijo el apóstol, en esa ocasión, a los congregados en casa de Cornelio, el centurión romano? Básicamente, tres cosas. Una, que Jesús fue ungido por el poder del Espíritu Santo. Dos, que usó ese poder, no para su propio beneficio, sino hacer el bien a los necesitados. Y, tres, que toda esa bendición fue posible porque Dios estaba con él.

Ahora bien, si el Señor de la gloria «anduvo haciendo el bien»; si su vida fue una fuente permanente de bendición para todo el que entrara en contacto con él, ¿no debería decirse lo mismo de nosotros sus seguidores? ¿Podemos imaginar todo el bien que resultaría si permitiéramos al Espíritu Santo morar en nuestro corazón? ¿Y si, al igual que Jesús, la presencia de Dios nos acompañara a todas partes?

Este punto lo ilustra muy bien un relato que cuenta Phillip Keller. Escribe él que un día recibió en su hogar la visita de dos amigos que iban rumbo al Oriente para asistir a un compromiso matrimonial. Después de compartir veladas inolvidables, estos amigos le pidieron a Phillip que los acompañara, y él gustosamente aceptó. Ya llevaban varios días de camino cuando uno de ellos se dio cuenta de que había extraviado su sombrero. Entonces le pidió el favor a Phillip de comunicarse con su esposa para que revisara la casa en busca del sombrero extraviado. La respuesta de su esposa, dice Phillip, fue una que nunca pudo olvidar.

—He buscado por todas partes —dijo ella----, y no he visto señales de ese sombrero. Lo único que esos dos hombres dejaron en esta casa cuando salieron fue una gran bendición.*

Es difícil leer este relato y no preguntarse: ¿Qué «dejo yo atrás» después de haber visitado un hogar? ¿Después de dejar mi lugar de trabajo? Y en una escala aún mayor, ¿qué legado dejaré después de haber pasado por este mundo?

Querido Padre celestial, hoy quiero vivir para hacer el bien; y quiero llevarte conmigo adondequiera que yo vaya. Solo así mi vida podrá ser una bendición, no solo hoy, sino hasta el final de mis días en este mundo. ¡Para ti sean la honra y la gloria!

* Phillip Keller, citado por John Ortberg, Laurie Pederson y Judson poling en Grace, an Invitation to a Way of Life, Zondervan, 2000, p. 75

lunes, 1 de agosto de 2022

Lunes 1º de agosto LA COOPERACIÓN DIVINO-HUMANA

Lunes 1º de agosto LA COOPERACIÓN DIVINO-HUMANA ¿Cuál es tu mayor realización en la vida? Sea lo que fuere, lo más probable es que no haya ocurrido simplemente al levantarte de la cama a la mañana. Si queremos lograr algo que valga la pena en esta vida, necesitamos tiempo y esfuerzo. Ser discípulos de Cristo no es diferente. Lee Colosenses 1:28 y 29. Si bien Pablo habla de que Dios obraba en él, ¿de qué manera también muestra el esfuerzo humano? Ver también Deuteronomio 4:4; Lucas 13:24; 1 Corintios 9:25; Hebreos 12:4. En Colosenses 1:29, hay una perspectiva muy interesante de la forma en que Pablo ve su relación con Dios en esta obra. Dice que él lucha, pero con el poder de Dios. La palabra para “trabajo” significa “cansarse”, “trabajar hasta quedar exhausto”. Esta palabra se utilizaba específicamente para los atletas cuando entrenaban. La palabra “luchar”, que viene a continuación, en algunos idiomas puede significar “agonizar”. Por ende, tenemos la imagen verbal de un atleta que se esfuerza con todo para ganar. Pero luego Pablo agrega un giro a la idea, porque él no se está esforzando con todo lo que tiene, sino con todo lo que Dios le da. Por consiguiente, nos quedamos con esta sencilla conclusión sobre el ministerio de Pablo: era un ministerio que realizaba con gran esfuerzo y disciplina personal, pero lo hacía con el poder de Dios. Esta relación funciona exactamente de la misma manera con nosotros cuando procuramos desarrollar el carácter de Cristo. Es importante recordar esto, porque vivimos en un mundo en el que cada vez queremos más, pero con menos esfuerzo. Esa idea también se ha infiltrado en el cristianismo. Algunos evangelistas cristianos prometen que, si simplemente crees, el Espíritu Santo descenderá sobre ti con asombroso poder sobrenatural y realizará grandes milagros. Pero esto puede ser una peligrosa verdad a medias, porque puede llevar a la conclusión de que ¡solo tenemos que esperar que el poder de Dios venga sobre nosotros mientras estamos cómodamente sentados! ¿Tienes alguna experiencia con el tipo de luchas de las que habla Pablo? ¿Qué cosas ha puesto Dios en tu corazón con las que estás luchando? ¿Cómo puedes aprender a rendirte a la voluntad de Dios?

Matutina para Adultos

Nuestro maravilloso Dios 
 lunes, 01 ago. 2022 
 «Dame un Lázaro, Señor» 

 «Muchos de los judíos que habían ido para acompañar a María, y vieron lo que había hecho Jesús, creyeron en él». Juan 11:45 

  SAMUEL CHADWICK (1860-1932) tenía apenas quince años cuando sintió que Dios lo estaba llamando a predicar su Palabra, pero no tenía dinero, ni tampoco buena salud. Entonces decidió trabajar en un molino doce horas al día y estudiar otras cinco en su casa durante la noche. Seis años después ya estaba recibiendo su primera oportunidad como evangelista laico. Pero se le presentó otro problema: su predicación no estaba dando frutos. ¿Qué hizo entonces el joven Samuel?

El relato de lo sucedido lo cuenta Warren W. Wiersbe. Samuel le pidió a un grupo de miembros de su congregación que oraran por un reavivamiento. El, por su parte, comenzó a estudiar la Palabra en busca de dirección divina. Fue así como en una de sus lecturas, Samuel llegó al relato de la resurrección de Lázaro. De todo el pasaje, le llamó particularmente la atención nuestro texto de hoy, donde el apóstol Juan escribe que muchos de los que presenciaron la resurrección de Lázaro, creyeron en Jesús (Juan 11: 45). ¡Ahí estaba la respuesta a sus oraciones!

— ¡Dame, Señor, un Lázaro! dijo Samuel en oración. ¡Necesitamos un Lázaro!

Al cabo de pocos días, llegó a la iglesia «el borrachito del pueblo», un tal Robert Hamer, a quien apodaban Bury Bob. Este hombre, según cuenta Wiersbe, era el azote del pueblo, pues no se cometía un delito en el cual él no estuviera involucrado. Sin embargo, esa noche el pecador más notorio de la comunidad decidió no consumir más alcohol y manifestó su deseo de estudiar la Biblia. Poco después Bury Bob aceptaría a Jesús como su Salvador.

El efecto fue inmediato. Su conversión fue seguida por otras y el anhelado reavivamiento se hizo realidad. A partir de esa experiencia escribe Wiersbe- Samuel Chadwick no dirigía una iglesia o conducía una campaña evangelística sin pedirle a Dios que le diera un Lázaro. «Nunca estará vacía una iglesia — llegó a decir Samuel Chadwick, que haga de la conversión de las almas su rasgo distintivo».*

Hay varias lecciones que se derivan de este simpático relato. Una es que nadie, ni siquiera el peor pecador del pueblo, está fuera del alcance del poder perdonador de Dios. La otra es que, «cuando el pueblo de Dios ora, suceden cosas maravillosas».

Oremos, entonces, no solo por nosotros, sino también por nuestras congregaciones. Pidamos a Dios que derrame su Santo Espíritu, con toda su plenitud, en nuestras iglesias. El resultado será que el mismo poder que levantó a Lázaro de la tumba se manifestará entre nosotros de tal manera que otros, al ver semejante manifestación del poder divino, también creerán.

Padre celestial, derrama sobre tu pueblo tu Espíritu Santo, de modo que se produzca entre nosotros un poderoso reavivamiento «que empiece primero en mi».

*Warren W. Wiersbe, Victorious Christians You Should Know, Baker Book House, 1984, p. 121.

Resumen lección 5 escuela sabática

A          El conocimiento y el amor (1ª de Corintios 8 — Alimentos sacrificados a los ídolos) v   Pablo “divide” a la iglesia en dos g...