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miércoles, 29 de julio de 2026

Resumen lección 5 escuela sabática

A         El conocimiento y el amor (1ª de Corintios 8 — Alimentos sacrificados a los ídolos)

v  Pablo “divide” a la iglesia en dos grupos: los “fuertes” y los “débiles”.

      Los fuertes comprenden que los ídolos no son nada, pues solo existe un único Dios verdadero. Los débiles no han llegado aún a comprender este punto (1Co. 8:4-7a).

      Los fuertes comen carne sacrificada a los ídolos porque saben que los ídolos no pueden contaminar el alimento. Los débiles creen que pecan si comen esa carne (1Co. 8:7b).

v  Pero los fuertes, por su conocimiento y ejemplo, pueden hacer caer a los débiles (1Co. 8:10). Por amor a su hermano, el fuerte debe refrenarse (1Co. 8:11-13).

v  Los cristianos deben anteponer el amor al conocimiento cuando éste puede ser un tropiezo para el hermano “débil” (en proceso de crecimiento).

B         Los derechos del evangelio (1ª de Corintios 9 — Pablo renuncia a sus derechos)

v  Pablo renunció, al menos, a tres derechos por amor a los débiles:

      Derecho de ser alimentado por la congregación (1Co. 9:4)

      Derecho a ser acompañado por su esposa (1Co. 9:5)

      Derecho a no realizar trabajos comunes para su mantenimiento (1Co. 9:6)

v  Aunque Jesús dejó claro que los que predican el evangelio deben vivir del evangelio, tanto Pablo como Bernabé renunciaron a ello voluntariamente para no poner obstáculo a los creyentes (1Co. 9:12-14; Lc. 10:7).

C        Lecciones del pasado (1ª de Corintios 10:1-13 — Advertencia contra la idolatría)

v  La experiencia del Éxodo, entendida espiritualmente, es un símil nuestro. El cruce del mar es como nuestro pacto bautismal (1Co. 10:1-2). El alimento y la bebida que tomaron en el desierto es como nuestra participación de la Santa Cena, donde comemos y bebemos, espiritualmente, el cuerpo y la sangre de Jesús (1Co. 10:3-4).

v  ¡Cuidado! A pesar de su experiencia, los israelitas cayeron en graves pecados, incluyendo la idolatría y la inmoralidad. ¡Que no nos ocurra a nosotros lo mismo! (1Co. 10:5-10).

v  De ahí que el apóstol concluya esta sección con un consejo poderoso: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1Co. 10:12).

D        Abandonar la idolatría (1ª de Corintios 10:14-22 — La copa del Señor y la copa de los demonios)

v  Si la comida sacrificada a los ídolos se puede comer tranquilamente, ¿por qué Pablo parece aconsejar lo contrario en 1ª de Corintios 10:20?

v  Una cosa es comer la carne en casa, sin cargo alguno de conciencia, y otra hacerlo durante una celebración pública donde se está adorando a los ídolos. Al participar de este tipo de celebraciones, el creyente reniega de su fe y acepta la adoración a los ídolos.

v  Al participar de la Santa Cena nos hacemos parte del cuerpo de Cristo (la iglesia), mientras que, al participar de las ceremonias idolátricas, tomamos parte con los demonios (1Co. 10:16-20).

v  No podemos tomar la copa de la Santa Cena, alabando a Jesus, y –a la vez– tomar de la copa que alaba a los demonios (1Co. 10:21).

E         Lo lícito y lo conveniente (1ª de Corintios 10:23-33 — Hacerlo todo para la gloria de Dios)

v  “Todo me es lícito, pero no todo conviene” (1Co. 10:23). Dos ejemplos concretos:

      En la carnicería vendían tanto alimentos sacrificados a ídolos como no sacrificados. El creyente no debía preguntar el origen para no dar la impresión de que consideraba ilícito tomar ese tipo de carne (1Co. 10:25).

      Un incrédulo invitaba a un creyente a comer. El creyente come sin preguntar (todo le es lícito). Pero, el anfitrión dice que la carne se ofreció a un ídolo. Entonces, para no ofender la conciencia del anfitrión, no conviene que el creyente tome de esa carne (1Co. 10:27-29).

v  Los principios básicos que están detrás de estas instrucciones son también dos: alabar en todo a Dios (1Co. 10:31); y buscar el beneficio del otro (1Co. 10:24, 32).

v  Es decir, amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo (tal como Jesús se lo pidió al joven rico).


Devoción Matutina para Adultos 2026 | El mensajero de la restauración

«Si tuviese cerca de él un elocuente mensajero, uno entre mil, que anuncie al hombre su deber; que le diga que Dios tuvo de él misericordia, que lo libró de descender al sepulcro, que halló redención…» — Job 33:23-24
El trigésimo tercer capítulo expone el discurso directo de Eliú hacia el patriarca, marcando una diferencia con la severidad de los tres amigos previos. Con un lenguaje apasionado, invita a Job a escuchar con atención y a deponer el desespero de creer que el Altísimo se ha transformado en un enemigo implacable. Eliú explica que el Omnipotente utiliza diversos métodos para comunicarse con la humanidad y rescatar al alma de la soberbia, valiéndose de visiones nocturnas o del dolor físico en el lecho del sufrimiento. Al presentar la figura de un mensajero celestial que intercede por el caído y proclama que se ha hallado un rescate para librarlo de la tumba, el joven vislumbra el núcleo del plan divino: el amor que redime en lugar de la fuerza que destruye.
Esta revelación desmantela la angustia de sentir que las pruebas prolongadas son una señal de abandono definitivo. El texto enseña que el Creador permite desiertos espirituales no para destruir la existencia, sino para pulir el orgullo interno y desviar los pasos de la ruina. Esta perspectiva se entrelaza de forma armónica con las promesas de la revelación escrita. Cuando el desánimo nubla el entendimiento ante el silencio providencial o el quebranto de la salud, la mente es tentada a rebelarse contra la disciplina celestial. La amonestación de hoy nos llama a reconocer que detrás de cada proceso doloroso opera una misericordia paciente que busca despertarnos de la tibieza espiritual y devolvernos la paz de la salvación.
«Dios no aflige de buen grado a los hijos de los hombres, sino que utiliza el crisol del sufrimiento para llamarlos al arrepentimiento y apartarlos del peligro del pecado… El Salvador vigila cada prueba con infinito amor, enviando el consuelo de Su Espíritu para restaurar al alma quebrantada que reconoce su desamparo. La verdadera piedad se fortalece cuando deponemos la queja y aceptamos con humildad el propósito santificador de la disciplina divina.» — Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 102.
La certeza de nuestra reconciliación se consolida al fijar la atención en Cristo, el único Mediador perfecto y el Mensajero supremo entre mil que Job vislumbraba entre líneas. Él descendió al polvo de la muerte y pagó el precio de nuestro rescate en el Calvario, garantizando que el pecador arrepentido no descienda al sepulcro eterno. Su sacrificio nos reviste con las vestiduras de Su santidad y nos capacita para perseverar con santa paciencia en medio de las vicisitudes cotidianas. Consagremos cada respuesta de nuestro temperamento a Su dirección, permitiendo que Su justicia guíe nuestra conducta mientras aguardamos la bienaventurada esperanza de Su venida gloriosa.
Oración
Padre eterno, soberano y lleno de misericordia, reconozco ante tu presencia las ocasiones en que he interpretado tus silencios y disciplinas como muestras de desafecto en mi caminar diario. Perdona mis impaciencias, mis quejas silenciosas y mi resistencia a ser moldeado por tu mano. Dame un oído atento para escuchar tus advertencias cotidianas, un corazón humilde para aceptar tus reprensiones y una fe inquebrantable en el rescate provisto por mi Salvador. Que tu Espíritu Santo transforme mi carácter y sostenga mis pasos en la senda de la rectitud. En el nombre de Jesús. Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2026
Lecturas Devocionales para Adultos 2026

Devoción Matutina para Damas 2026 | El Silencio Que Sana el Corazón

«Dios nos habla una y otra vez, aunque no lo notemos. En sueños, en visiones nocturnas… nos habla al oído y nos asusta con sus advertencias, para apartarnos de nuestras malas obras y librarnos del orgullo.» – Job 33:14-17 (NVI).
El capítulo treinta y tres nos introduce en el mensaje directo de Eliú hacia el patriarca. Con un tono mucho más comprensivo que el de los consejeros anteriores, este joven le recuerda a Job que Dios no es un enemigo silencioso que busca destruirnos, sino un Padre que intenta comunicarse con Sus hijos de múltiples maneras. Eliú explica que el Creador utiliza los dolores físicos, los desvelos de la noche e incluso los avisos silenciosos de la conciencia con un único propósito de amor: sacudir nuestro orgullo, despertarnos de la apatía y rescatar nuestra vida del abismo para que volvamos a contemplar la luz de Su gracia.
Esta perspectiva nos invita a reflexionar en la forma en que escuchamos la voz del Señor en medio del cansancio diario. Es común que la prisa del hogar, el cuidado de la familia y las preocupaciones por las necesidades materiales llenen nuestra mente de un ruido tan denso que nos volvemos sordas a los susurros del Espíritu Santo. A veces, el desánimo aprovecha una mala noticia o un malestar corporal para hacernos pensar que el Salvador nos ha abandonado. La advertencia de este relato es notar que, a menudo, esas pausas forzadas por la debilidad física o las noches de insomnio son el único espacio donde guardamos el silencio necesario para que Dios sane nuestra altivez.
La gran enseñanza de esta mañana es que el dolor presente suele ser el megáfono que el cielo utiliza para despertarnos de la autosuficiencia espiritual. Dios no envía la aflicción por capricho; Él la permite para limpiar nuestras motivaciones, recordarnos nuestra fragilidad y llevarnos a buscar Su tierno amparo. Cuando decides iniciar el día de rodillas, rindiendo tus planes al Maestro en total sumisión, tu mente se estabiliza. Recibes la lucidez para entender las pruebas con los ojos de la fe, convirtiéndote en un canal de paciencia que resguarda la armonía de tu casa y guía a los tuyos hacia el refugio divino.
«Dios nos habla por medio de los avisos de Su providencia y por la voz de Su Espíritu, que apela al corazón… Si nos detenemos a escuchar, comprenderemos que aun en las horas de enfermedad o de contrariedades, el Salvador nos está llamando a una comunión más íntima con Él. No miremos las pruebas como un castigo, sino como una disciplina de amor que busca purificar nuestro carácter. Si entregamos nuestra voluntad al Redentor en oración ferviente, Él cambiará nuestro luto en bendición, recordándonos que Su gracia es suficiente para darnos vida y paz eterna» (El Camino a Cristo, p. 101).
Antes de entregarte a tus tareas cotidianas, graba en tu memoria la promesa de restauración que Eliú menciona en Job 33:26: «Orará a Dios, y él le mostrará su favor; verá el rostro de Dios y cantará de alegría». Camina con la cabeza en alto, confía plenamente en la providencia de tu Hacedor y descansa en la certeza de que tu vida está segura bajo Su mirada protectora.
Oración
Amado Jesús, hoy vengo ante ti pidiéndote perdón si en mis días de prisa o dolor físico he cerrado mis oídos a tus sutiles advertencias. Limpia mi corazón de toda autosuficiencia y dame un espíritu enseñable para escuchar tu voz en medio del silencio o de la prueba. Trae sanidad a mi cuerpo, restaura la paz en mis relaciones familiares y bendice las actividades de mi hogar en este día. Lléname de tu Santo Espíritu y enséñame a descansar en tu voluntad. Amén.
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DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2026
Lecturas Devocionales para Mujeres 2026

domingo, 4 de septiembre de 2022

Lección 11 | Domingo 4 de septiembre EL DIOS DE LA PACIENCIA

Lección 11  | Domingo 4 de septiembre EL DIOS DE LA PACIENCIA Lee Romanos 15:4 y 5. ¿Qué encontramos en estos versículos? Normalmente nos impacientamos por cosas que realmente queremos o que nos han prometido pero que todavía no tenemos. A menudo solo quedamos satisfechos cuando conseguimos lo que anhelamos. Y, debido a que rara vez obtenemos lo que queremos y cuando lo queremos, esto implica que a menudo nos irritamos y perdemos la paciencia. Y, cuando estamos en este estado, es casi imposible mantener la paz y la confianza en Dios. Esperar es doloroso por definición. En hebreo, una de las palabras para “esperar pacientemente” (Sal. 37:7) proviene de otro vocablo que puede traducirse como “estar muy dolorido”, “sacudirse”, “temblar”, “estar herido”, “estar triste”. Aprender a tener paciencia no es fácil; a veces es la esencia misma de lo que significa estar en el crisol. Lee Salmo 27:14; 37:7; y Romanos 5:3 al 5. ¿Qué nos transmiten estos versículos? ¿Hacia dónde conduce la paciencia? Mientras esperamos, podemos concentrarnos en una de dos cosas. Podemos enfocarnos en las cosas que esperamos o en Aquel que tiene esas cosas en sus manos. Lo que marca la diferencia cuando esperamos algo no es tanto el tiempo que tenemos que esperar, sino nuestra actitud mientras esperamos. Si confiamos en Dios, si hemos puesto nuestra vida en sus manos, si le hemos entregado nuestra voluntad, entonces podemos confiar en que él hará lo mejor por nosotros cuando sea mejor para nosotros; aunque a veces resulte difícil creerlo. ¿Qué estás esperando con ansias? ¿Cómo puedes aprender a esperar en Dios y en sus tiempos? Ora para lograr una actitud de total entrega y sumisión a Dios.

Matutina para Adultos

Nuestro maravilloso Dios 
 domingo, 04 sept. 2022 
 El último legado de Jesús 

 «Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes. Pero el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, los consolará y les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que yo les he dicho. La paz les dejo, mi paz les doy: yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo». Juan 14:25-27, RVC 

  LAS PALABRAS DE NUESTRO TEXTO DE HOY son parte del discurso de despedida de nuestro Señor. Fue dirigido a los discípulos en el aposento alto, antes de que partieran al monte los Olivos. *

El discurso comenzó, curiosamente, apenas Judas salió: «Después de que sudas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del Hombre es glorificado, y Dios es glorificado en él”» (Juan 13:31, RVC). ¿De qué habló el Señor? Habló de la gloria de la cruz; de la misión que encargaría sus discípulos, del amor que debía prevalecer entre ellos al anunciar su regreso; y, especialmente, habló de la promesa de su Santo Espíritu.

El divino Consolador, no solo enseñaría «todas las cosas», sino que también les recordaría las grandes verdades que Jesús les había enseñado. Además, haría posible que recibieran, como un don permanente, su último legado, la paz de Cristo: «En su discurso a los discípulos, Jesús no hizo alusión aflictiva a sus propios sufrimientos. Su último legado a ellos fue un legado de paz» (El Deseado de todas las gentes, cap. 73, p. 642).

¿Qué virtud hay en la paz de Cristo? Es la paz que resulta de saber que nuestros pecados han sido perdonados. Es la paz de Dios, «que sobrepasa todo entendimiento», y que guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. El mundo, con todos sus avances científicos y tecnológicos, no puede dar esa paz; tampoco pueden las riquezas. ¿Por qué? Porque la paz que Cristo da es interna, del corazón; no depende de las cambiantes circunstancias de la vida, y nada ni nadie nos la puede arrebatar porque es la paz que resulta del perdón.

¿Qué concluimos, entonces? Que, gracias al Espíritu, «somos más que vencedores», y que nada «nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rom. 8: 37, 39). ¿Puede haber un legado, más grande, más precioso, más valioso que este? ¡Nada se compara con el don de su Espíritu! ¡Nada supera al regalo de su paz!

No permitamos, por lo tanto, que las tristezas y las pruebas nos quiten lo que Cristo ganó para nosotros a un precio tan elevado. La paz que Cristo nos dejó es tu herencia y mi herencia.

¡Reclamemos hoy, por fe, lo que es nuestro!

Gracias, querido Jesús, por el perdón de mis pecados, y porque ese perdón ha traído a mi corazón la paz que nada en el mundo me puede brindar. Por medio de tu Espíritu, permanece en mi corazón, hoy y siempre.

* Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1007.

sábado, 3 de septiembre de 2022

Lección 11: Para el 10 de septiembre de 2022 AGUARDAR EN EL CRISOL Sábado 3 de septiembre

Lección 11: Para el 10 de septiembre de 2022 AGUARDAR EN EL CRISOL Sábado 3 de septiembre LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 15:4, 5; 5:3-5; 1 Samuel 26; Salmo 37:1-11. PARA MEMORIZAR: “Mas el fruto del Espíritu es [...] paciencia” (Gál. 5:22). Los científicos hicieron un experimento con niños de cuatro años… y malvaviscos. Un científico le dijo a cada niño que podía comer un malvavisco. Ahora bien, si el niño esperaba hasta que el científico regresara de una diligencia, le daría dos. Algunos de los niños llevaron el malvavisco a la boca en cuanto el científico se fue; otros esperaron. Se registraron las diferencias. A continuación, los científicos hicieron un seguimiento de estos niños hasta la adolescencia. Los que habían esperado resultaron tener mejor adaptación, ser mejores estudiantes y más seguros de sí mismos que los que no esperaron. Al parecer, la paciencia indicaba algo mayor, algo importante en el carácter humano. Por ende, no es de extrañar que el Señor nos aconseje que la cultivemos. Esta semana veremos lo que podría estar detrás de algunos de los crisoles más difíciles de todos: el crisol de la espera. Un vistazo a la semana: ¿Por qué a veces tenemos que esperar tanto tiempo? ¿Qué lecciones podemos aprender sobre la paciencia mientras estamos en el crisol?

Matutina para Adultos

Nuestro maravilloso Dios 
 sábado, 03 sept. 2022 
 <<Su pecado lo alcanzará» 

 «Afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen», Salmos 17:5 

  HACE UNOS AÑOS LEÍ EN SELECCIONES un relato muy curioso sobre dos ladrones que robaron unos dos mil dólares en cámaras digitales, en una tienda Wal-Mart de Long Island, Nueva York. Lo que más me llamó la atención fue como los capturaron.

Dice el relato que, cuando los empleados de seguridad revisaron el video de vigilancia, pensaron que no les serviría de mucho porque las imágenes de los sospechosos se veían muy borrosas. Pero entonces apareció una imagen que les llamó la atención: en la grabación se veía a una mujer mientras agarraba la cámara fotográfica de demostración, que estaba encadenada a un mostrador, y luego enfocaba a un hombre que posaba alegremente. « ¿Habrá tomado la foto?» -se preguntaron los investigadores—. «Y la cámara, ¿habrá funcionado?»

De inmediato, llamaron a la sección de Fotografía de la tienda. En efecto, ahí estaba la cámara. Lo mejor de todo es que también aparecía la foto del sospechoso, a todo color. ¡El hombre había posado de lo más feliz! En menos de tres semanas, el ladrón estaba siendo arrestado en su propia casa.*

Al parecer, los ladrones pensaron que la cámara no funcionaría. Más importante aún, --para usar las palabras de Norval F. Pease, pensaron que podían «pecar y, a la vez, ser felices». ** Solo que no les funcionó. ¿La razón? Es imposible para un ser humano vivir en pecado y, al mismo tiempo, ser feliz. Tarde o temprano, «su pecado lo alcanzará» (Núm. 32: 23).

Esto es lo que, según el mismo Norval F. Pease, le ocurrió al profeta Balaam. Creyó que podía pecar y ser feliz, pero finalmente «su pecado lo alcanzó». Ya conocemos la historia. Alarmado porque los israelitas eran muy numerosos, Balac, rey de Moab, intenta sobornar a Balaam para que los maldiga. Para persuadirlo, envía mensajeros cargados de riquezas. En un primer momento, Balaam se niega, pero cuando el rey insiste, esta vez con mayores promesas, Balaam muerde el anzuelo. Solo que cuando intentó maldecir al pueblo de Dios, de su boca solo salieron bendiciones. Quiso combinar el servicio a Dios con el amor por las riquezas, pero fracasó rotundamente, pues «nadie puede servir a dos señores» (Mat. 6:24, NVI).

¿Cómo terminó sus días este «Judas» de la antigüedad? Según dice la Escritura, murió a filo de espada cuando Israel combatió a Madián (Núm. 31: 8). ¿Cuántos pecados causaron su caída? Al igual que Judas, un solo pecado: el amor a las riquezas. Pero ese solo pecado «envenenó todo su carácter y causó su destrucción» (Patriarcas y profetas, cap. 40, p. 427).

¿Cuál debiera ser, entonces, nuestra oración diaria? La misma de David en nuestro texto de hoy:

« [Señor), afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen».

*William, Beaman, Selecciones del Reader's Digest, enero de 2006, pp. 69-70. **Norval F. Pease, En esto pensad, Pacific Press, 1970, p. 131

Resumen lección 5 escuela sabática

A          El conocimiento y el amor (1ª de Corintios 8 — Alimentos sacrificados a los ídolos) v   Pablo “divide” a la iglesia en dos g...